Yo tengo en el hogar un soberano, único a quien venera el alma mía; es su corona de cabello cano, la honra su ley y la virtud su guía. En lentas horas de miseria y duelo, lleno de firme y varonil constancia, guarda la fe de que me habló el cieloen las horas primeras de mi infancia. La amarga prescripción y la tristezaen su alma abrieron incurable herida, es un anciano y lleva en la cabezael polvo del camino de la vida. Ve del mundo las fieras tempestades, de la suerte las horas desgraciadas, y pasa, como Cristo el Tiberíades,de pie sobre las ondas encrespadas. Seca su llanto, calla sus dolores, y sólo en el deber sus ojos fijos, recoge espinas y derrama floressobre la senda que trazó a sus hijos. Me ha dicho: "A quien es bueno, la amargurajamás en llanto sus mejillas moja; en el mundo, la flor de la venturaal más ligero soplo se deshoja. Haz el bien sin temer el sacrificio; el hombre ha de luchar sereno y fuerte, y halla quien odia la maldad y el vicioun tálamo de rosas en la muerte. Si eres pobre, confórmate y sé bueno; si eres rico, protege al desgraciado, y lo mismo en tu hogar que en el ajenoguarda tu honor para vivir honrado. Ama la libertad: libre es el hombrey su juez más severo es la conciencia; tanto como tu honor guarda tu nombre, pues mi nombre y mi honor forman tu herencia".Este código augusto en mi alma pudo, desde que lo escuché, quedar grabado; en todas las tormentas fue mi escudo, de todas las borrascas me ha salvado. Mi padre tiene en su mirar serenoreflejo fiel de su conciencia honrada. ¡Cuánto consejo cariñoso y buenosorprendo en el fulgor de su mirada!.
Por....Juán de Dios Peza – Poeta mexicano.
domingo, 21 de junio de 2009
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